Olores perfumados, tácticamente…
El autor ha sido señalado en la época de sus confesiones…
La maldad, si bien es cierta, no siempre proviene del
corazón…
Hay caminos transitables por la inteligencia y la
imaginación…
…después de tanto maltratar su espíritu, se hecho a volar
por la ventana…
Miro el reloj…
Eran las 5 horas de aquel viernes de semana santa…
Las palmeras, los tipos que salían apresurados de sus casas
preparándose para el viacrucis…
El interesante caminar de aquel borracho que era esperado
por su amor de juventud en la puerta de aquella casa azul…
Las viejecillas que caminaban lentamente implorándole al
tiempo la belleza arrebatada…
Los ríos que arrastraban desde los cerros a los conejos
muertos…
La muñeca de cabellos rizados que conquisto un día de mayo,
coqueteando con los automovilistas que tocaban el claxon al verla pasar…
Antes de caer por la ventana se dispuso a ver el viento,
ustedes dirán que estaba un poco loco por que el viento no se ve, pero el lo
veía…
Siempre fue un hombre práctico, extasiado de las pequeñas
cosas…
Enfermo de excesiva vida…
Miro el reloj, hacían ya las 5:20 cuando su cuerpo tocaba el
suelo…
Regalo los ojos de un hombre de mundo…
Para que lloraran en los días de tristeza…
Regalo sus labios…
Para que en el frío invierno calienten un poco tu
acostumbrado cuerpo…
Regalo sus brazos para las madrugadas de desesperación…
Regalo su pelo, regalo sus piernas…
Regalo todo…
…pero nunca el corazón.
Victor Hugo Salazar
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