Domingo,
La sala de billar parece algo novedoso,
Me desempolvo las rodillas,
Camila cruza las piernas,
Yo bailó la canción de los olvidos,
Maleta en hombros.
Si la soledad fuera un arma,
Tu estarías muerta,
Y yo en un funeral con café en mano,
Como todos los domingos,
Y eso de extrañarte está de más desmentirlo,
Pateaste mis mejores años,
Y yo te jodo la vida por si acaso.
Odio las cosas rojas,
Las lámparas que me guían,
Los bailes inusuales,
Los martes de vals,
Los domingos de misa,
Mis labios con tu nombre escapando por la comisura.
Te llamas,
No sé, yo te llamaba cariño,
-cariño y si despertamos juntos?,
Pero cariño es así, tan "un rato y me voy"
Un día,
Mientras el raspado nos esperaba en la sala,
Cariño giró la perilla de la puerta para nunca más regresar.
Y no extraño el café,
Aunque el café en tus ojos,
Eran casi embrujadores.
Ni tus pantis tiradas en mi alcoba,
Aunque puestas en ti, era correrme tres veces por segundo.
Y fuimos nada antes de todo,
Y todo, como vil ladrón,
Camino siempre con una bala en las costillas.
Y bailo, maleta en hombros,
Camila entré abre las piernas,
La observo desde lejos,
Y yo que siempre he sido un tanto enamorado por inercia,
Te digo adiós entre sus tetas,
Y le cambio el apellido a mis suspiros.
Victor H. Salazar
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