Y ha llegado la nostalgia a casa,
Entro como un ladrón,
No ha tocado la puerta,
Tras el corredor blanco de las hortalizas de mama chela.
Se ha tatuado la sonrisa del descaro,
Y me ha atado,
Me ha atado al tacón de tus zapatos.
Tiembla de más,
El reloj ya marca medio día,
Y hace frio en esta tarde de canícula,
Como en el invierno de Oslo,
Entre mis manos friolentas.
Me ha enseñado los dientes,
Muerde poco pero,
Llega hondo,
Y cada tic tac del reloj de pared,
Hace estragos en mis ojos que no mienten.
Y he querido tararear la canción para dormir,
O pedir un taxi que me lleve hacia el abismo,
O colarme tus recuerdos con mis dedos,
Y acabar de prometerte mis silencios.
Víctor H. Salazar
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