Decía Iveth que lo mejor que le podía pasar era no amarme,
Pero ya estaba infectada hasta los huesos,
Yo reí un poco,
Era como comprar un boleto de avión,
Y no subirse por miedo a disfrutar el viaje.
Teníamos los días contados,
Solo dos velas más en mis próximos cumpleaños,
Y una camisa blanca en el tendedero,
Mientras escribo esto,
Siento no echarte de menos,
Aprendí a no
llorarte,
Desde aquel día que te fuiste,
Con el primer tipo que te prometió mi olvido.
Aprendí a apagar las velas solo,
A lamer mis heridas,
A desearme un año nuevo feliz,
A volar aviones de papel desde la alcoba,
Y a echarme mil mentiras de que vuelves.
Pero no vuelves,
Y si algún día vuelves,
Ojala y sea tarde,
Que tu idioma no sea el mismo al que te fuiste,
Y que no sepas,
Que nunca sepas,
Que aun guardo tu espacio entre mi cama.
Víctor H. Salazar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario